El otro desembarco de Normandía
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Agincourt, una batalla shakesperiana entre la Inglaterra y la Francia del siglo XV

Miniatura sobre Agincourt del siglo XV Musée de l'Armée


Una frase muy manida dice: “Quienes no conocen su historia están condenados a repetirla”. Como todos los tópicos, tiene su parte de verdad. Napoleón repitió en Rusia las mismas equivocaciones que cometió un siglo antes Carlos XII de Suecia, aunque la biblioteca imperial ambulante que cruzó el Niemen junto a la Grande Armée disponía de un ejemplar de la biografía de Voltaire sobre el rey sueco y sus errores.

Si Hitler hubiera tenido un mayor conocimiento de la historia, quizá habría llegado a la conclusión de que la zona indiscutible para un gran desembarco aliado era Normandía. El día D de 1944 no fue la primera vez que una flota establecía un teatro de operaciones decisivo en esta parte de la costa francesa. Más de cinco siglos antes, en el verano de 1415, aquí se alzó el telón de la batalla de Agincourt (o Azincourt, para los franceses).

'La mañana de la batalla', por J. Gilbert (1817-1897) Art UK / DP


Agincourt es uno de los episodios más dramáticos de la guerra de los Cien Años. Un ejemplo más de que los británicos son maestros a la hora de enaltecer las victorias y de tapar las derrotas. Enrique V, de 27 años, rey de Inglaterra y señor de Irlanda desde 1413, tenía una personalidad desmesurada, como saben los lectores de Shakespeare. Dos años después de su coronación, decidió entrar en la historia… e invadir Francia.


El monarca inglés reclamaba las viejas posesiones francesas de su linaje, que habían ido menguando, aunque mantenía Calais y sus alrededores. Su ejército zarpó de Portsmouth el 11 de agosto de 1415. Parece una verdad de Perogrullo, pero Hitler no lo entendió: la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. Esa razón de peso restringió las opciones del desembarco prácticamente a un único punto: Normandía.

Enrique V jalea a sus hombres, otro cuadro de J. Gilbert Art UK / DP


Enrique V marcó una cruz en el mapa: Harfleur. El gran clásico de la historiografía militar británica, John Keegan (1934-2012), autor de obras como El rostro de la batalla, Historia de la guerra, Secesión o La máscara del mando (todas editadas por Turner), sostiene que “consideraciones parecidas empujarían en el futuro a los británicos y estadounidenses que planeaban el desembarco del día D a decidirse por Normandía”.

Harfleur, en el departamento del Sena Marítimo, fue el principal puerto normando entre los siglos IX y XVI. El audaz Enrique V, en las antípodas del atormentado Carlos VI de Francia, creía que si lo tomaba tendría vía libre para una incursión antes de refugiarse en su feudo de Calais. La expedición (más de mil barcos y unos 10.000 hombres) desembarcó en una playa a cinco kilómetros de la ciudad fortificada el 14 de agosto.

Artesonado del palacio del marqués de Llió, en el MNAC D.M


La presa cayó tras un mes de asedio. El rey inglés ya creía tener las manos libres, pero no había contado con un detalle (tampoco él leyó con atención la Anábasis, de Jenofonte). Las enfermedades y las bajas habían diezmado su ejército. Lo lógico habría sido dar media vuelta, pero esa no era la gesta que había ideado Enrique V, que aplicó una de las máximas de Napoleón: las batallas se ganan con las botas de los soldados.

Los ingleses recorrieron 440 kilómetros en 16 días. Era una especie de demostración de fuerza en casa del enemigo y que podría haber salido fatal. Acuciados por el hambre y el cansancio, los invasores confiaban en regresar a su plaza fuerte en Calais sin entablar combate con los franceses. Les quedaban dos o tres días de marcha para ponerse a salvo cuando frenó su avance y les obligó a pelear una fuerza muy superior en número.



¿Cómo de superior era esa fuerza? Imposible saberlo con exactitud, pero la tradición británica (esa misma tradición que exalta la victoria de Trafalgar y oculta la derrota de Cartagena de Indias ante Blas de Lezo) se empeñó en resaltar la desproporción entre un bando y otro para engrandecer aún más la victoria final inglesa. Algunas fuentes llegaron a hablar incluso de 7.000 u 8.000 ingleses frente a ¡200.000 franceses!

Sin duda, los franceses eran más, pero no tanto: quizá unos 12.000, lo que no resta dramatismo a su derrota. Muchos artículos han explicado la batalla, incluido uno extraordinario del hispanista Michael Alpert publicado en Historia y vida. No podemos añadir nada a lo ya explicado por el profesor Alpert, pero sí tratar de ponernos en la piel de aquellos hombres arrastrados a la barbarie, condenados a matar o morir.


La lucha tuvo lugar el 25 de octubre de 1415 en un campo arado. Debía hacer frío y un clima muy húmedo. Había estado lloviendo, lo que ablandó aún más el terreno. Si avanzar en tales circunstancias era complicado para bestias y hombres, no digamos para hombres embutidos en armaduras que pesaban entre 20 y 30 kilos. La espera antes del combate tuvo que ser interminable. Digámoslo claro: olía fatal, y no solo por el sudor…

Los dos ejércitos se pusieron frente a frente con las primeras luces del alba. Como era habitual entre los ingleses, quienes pudieron compensaron la falta de víveres con bebidas. Hay que añadir un detalle escatológico a las bajas temperaturas, la mala alimentación, los nervios y la angustia de los soldados. Muchos padecían diarrea. Obligados a permanecer en sus puestos, imaginaos dónde y cómo se tenían que aliviar.

Otra miniatura del siglo XV Musée de l'Armée


Peor lo tenían aún los caballeros con armadura o con polainas de mallas atadas a la cintura, difíciles de quitar y poner. El honor se buscaba en los combates cuerpo a cuerpo, pero la muerte podía ser invisible, como en todas las guerras. Los contingentes más numerosos de ambos bandos eran los arqueros y ballesteros. Lógicamente, cuanto más cerca estaban del enemigo, más efectivas y letales eran sus armas.

Los francotiradores podían alcanzar distancias de hasta 270 metros (dos campos de fútbol). Algunas puntas de punzón podían agujerear uniones débiles de cascos y corazas. O matar al caballo y derribar al jinete. Una recreación de la Universidad de Ginebra revela que ciertas armaduras ofrecían más movilidad de lo que se suele creer. Aun así, en el suelo, los caballeros eran un objetivo fácil, como se ve en la siguiente miniatura…

Agincourt, en un incunable DP


Los escudos, dagas, espadas, hachas y mazas fueron derrotadas por las flechas, que podían matar sin honor, a distancia. No solo fue la victoria de Inglaterra sobre Francia. Fue la victoria de los soldados plebeyos. Ellos, y la mejor estrategia inglesa, fueron las claves de la victoria. Luego, como dice Shakespeare, los supervivientes se fueron a “Calais y después a Inglaterra, donde jamás llegaron de Francia hombres tan felices”.

El añorado José María Valverde (1926-1996), traductor y estudioso de Shakespeare, creía que Agincourt fue una de las primeras batallas modernas de la edad media, como explica en su versión de Enrique V (Planeta). Además de infinidad de cadáveres ingleses y franceses, sobre aquel campo ensangrentado yacía “la idea tradicional de que la guerra era un choque entre caballeros, secundados por un grupo de siervos”.

Boceto de una ballesta de Leonardo da Vinci DP


La batalla fue también modernamente cruel. Volved a la primera ilustración de este texto: los ingleses hicieron numerosos prisioneros (únicamente nobles por los que se podía obtener rescate). Pero Enrique V ordenó que fueran ejecutados por miedo a que se giraran las tornas en el campo de batalla y los cautivos se amotinaran, amenazando su retaguardia. Solo cuando la victoria era ya indiscutible, cesó la matanza.

La diplomacia fue tan o más eficaz que las espadas. Enrique V, que murió en 1422, obtuvo parte de lo que quería a raíz de su matrimonio con Catalina de Valois, pero esa es otra historia. Y ahora, tomando prestada la voz de Shakespeare (coro, acto V), el cronista pide a los lectores “humildemente que admitan excusas por el tiempo, el número y el exacto curso de las cosas, que no se pueden presentar aquí en su enorme tamaño natural”.


Autor.- DOMINGO MARCHENA
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Muchas gracias a aliciamaria y a MrWolf por esta maravillosa firma
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Muy bueno, el video de las armaduras me ha dejado alucinado
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