Vuelta a una oficina cada vez más 'normal': cómo sobrellevarlo bien psicológicamente
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Predeterminado Vuelta a una oficina cada vez más 'normal': cómo sobrellevarlo bien psicológicamente

Tras la vacuna y la bajada de la incidencia, el teletrabajo pierde fuelle y regresa la presencialidad. ¿Cómo gestionar esta vuelta a la rutina de antes sin que nos pase factura a nivel mental?

Esta nueva 'vuelta al cole' parece más distinta, si cabe, que las anteriores. Aunque evidentemente la del pasado año fue la más rara y excepcional de todas, tras las vacunas y el descenso de la incidencia acumulada en este principio de septiembre, todo apunta a que el final de la pandemia está más cerca. Además, el anuncio del fin de las restricciones al ocio nocturno en capitales como Madrid hacen suponer que poco a poco todos aquellos condicionantes de nuestra vida privada y laboral van a ir merrmando hasta desaparecer como las casillas pegadas al suelo para mantener la distancia de seguridad en los espacios públicos.

Eso, en principio, es lo que nos gustaría creer o el deseo ferviente de todos cuando la cuarentena comenzó allá por (¿el lejano?) 2020. Son tiempos de cambio y de reconfiguración de la vida cotidiana, y eso también significa un giro de mentalidad o de perspectiva; como mínimo, una redefinición de objetivos y metas, así como una apertura de oportunidades en todos los planos (laboral, afectivo...) de las que puede que no seamos conscientes. Hemos perdido mucho en esta pandemia, sí, pero también hemos ganado una serie de aprendizajes que pueden sernos muy útiles de cara al futuro.

"Con el teletrabajo, hemos optimizado el tiempo al máximo. Ahora vamos a tardar más haciendo el mismo volumen de tareas, lo que implica un estrés añadido natural"

Los cambios externos exigen cambios internos, por lo que debemos tomarnos un tiempo para que nuestro cuerpo y mente se vuelvan a adaptar a estas nuevas circunstancias. Merece la pena detenernos en cómo se están reconfigurando de nuevo los espacios de trabajo, cada vez más parecidos a los de la era prepandémica, ya que las empresas españolas han ido poco a poco recuperando la presencialidad, la norma absoluta salvo algunas excepciones. Y esto a su vez nos va a pasar una factura psicológica al recuperar los viejos ritmos de antes y sus ritos más comunes: desde ir a tomar el café todas las mañanas con los compañeros a tener la mirada del jefe justo al lado, pasando por el hecho de tener que desplazarse todos los días del lugar de residencia y el tiempo que eso conlleva.

Vuelta a la rutina de niños y mayores

Habría que hacer una metáfora con los centros escolares; al final, el aula de una clase siempre ha servido muy bien de cara a realizar un escaneo metafórico de la sociedad para ver cómo funciona el mundo de los adultos. El pasado agosto, la ministra de Educación, Isabel Celaá, apostaba por una "presencialidad total" para este curso, lo que se ha traducido en un aumento del ratio de alumnos por aula. Lo mismo acabará sucediendo en los entornos de trabajo, a no ser que la incidencia nos vuelva a dar otro susto. Por ello, seguramente acaben conviviendo dos formas de trabajar: la pandémica (repleta de videollamadas, flexibilidad horaria -o en su defecto disponibilidad completa-, y el uso total de aplicaciones para gestionar grupos de trabajo) y la prepandémica (reuniones en persona, contacto físico y directo con los jefes y compañeros, un horario estricto...)

"Si en dos meses, como máximo, todavía no nos hemos adaptado es cuando debemos empezar a sospechar de que existe un problema"

Ante esta tesitura, ¿cómo van a reaccionar los trabajadores desde un punto de vista psicológico? Elena Dapra, psicóloga del Colegio Oficial Psicológico de Madrid (COP), cree que "indudablemente va a tener un coste añadido". Evidentemente, todos los años septiembre marca el final de las vacaciones y la vuelta a la rutina, lo que resulta en un "cambio brusco de hábitos que nos afecta a todos, mayores y niños", lo cual "siempre es estresante" y ahora más ya que "las medidas han cambiado, iremos más días al trabajo que antes y nuestro cuerpo y mente lo notarán sin duda".

Por otro lado, los trabajadores en los últimos meses han podido conciliar mejor su vida privada o familiar con su vida laboral, algo que con el paso del tiempo y si la pandemia finalmente retrocede, acabará llevándonos al escenario previo a la crisis sanitaria, el de la presencialidad total. Y esto, al igual que las vacaciones, acabará echándose de menos al darse cuenta de que ya no disponen de tanto tiempo para dedicar al descanso, al cuidado de los seres queridos o a la mera diversión, sobre todo aquellos cuyos tiempos de desplazamiento al centro de trabajo son muy largos. "Hemos optimizado el tiempo al máximo", recalca la psicóloga. "Ahora vamos a tardar más haciendo el mismo volumen de tareas, lo que implica un estrés añadido natural. Siempre que cambiamos un hábito existe cierto estrés, que puede ser normal y hasta recomendable, pero luego también está el patológico".

"El trabajador debe tener en cuenta los signos físicos y psíquicos de ese estrés para saber adaptarse y prevenir que vaya a peor", asegura Dapra. En este sentido, cabe incidir que la mejor forma de prevenir el 'burnout', el cual sería el punto en el que el estrés se vuelve patológico y limita la vida del empleado, no pasa por el mero autocuidado o la vigilancia de uno mismo, sino por gozar de unos derechos laborales y unas condiciones dignas de trabajo, algo que por desgracia escasea en una mercado laboral en el que sigue existiendo tan alto volumen de trabajo precario, contratos por horas o pluriempleo para llegar a fin de mes. "El estrés patológico se mantiene en el tiempo", prosigue Dapra. "Si en dos meses, por ejemplo, todavía no nos hemos adaptado a la rutina, ya es cuando empieza a ser un problema. Puede presentarse con señales físicas: dolor de cabeza constante, caída de pelo, problemas en la piel... Esto sucede cuando el nivel de estrés no desciende".

El papel de líder

Durante los meses de verano, la productividad de las empresas tiende a bajar, lo que provoca que al llegar septiembre se quiera dar un impulso extra a la actividad. Algo que tampoco tiene por qué traducirse en una mayor carga de trabajo, sino en una adaptación paulatina destinada a mejorar la eficencia y un empleo de los recursos más eficaz. En este sentido, Dapra aboga por que los jefes, tanto intermedios como superiores, "sean agradecidos y flexibles, ya que al final todos quieren y deben poner de su parte para que el trabajo salga bien".

"Hemos atravesado una época de mucha incertidumbre, por lo que ahora exigimos más confianza y seguridad que libertad"

"Agradecidos, sensibles, empáticos, que potencien la calma mental, que garanticen las medidas de seguridad". Estas son algunas de las cualidades que deben explotar aquellos que están al frente tanto desde pequeños grupos de trabajo hasta de grandes corporaciones. "El buen líder es aquel que acaba convirtiéndose en un referente, no el que manda por mandar", expresa Dapra, "aunque no hay que confundirse", pues como puntualiza la experta "no estamos hablando de que tengan que ser nuestros amigos, no se debe entrar en cuestiones que se salgan de lo estrictamente laboral". También menciona que se tengan en cuenta mucho más las 'soft skills' para hacer una transición flexible y sin estrés, es decir, los valores de empatía, visión de equipo, creatividad... algo que según ella "escasea en nuestra cultura laboral aunque ya sea un puntal en otros países".

A más control... ¿más estrés?

Como decíamos, las medidas y herramientas utilizadas durante la pandemia han redundado en un mayor control hacia los trabajadores, al no contar con su presencia física, o como mínimo una exigencia de transparencia de cara a cumplir con sus tareas u objetivos. Esto puede llevar a extremos si en vez de implantar un sistema de control desde un punto de vista útil para la empresa y los trabajadores acaba derivando en un sistema de vigilancia a golpe de algoritmo e inteligencia artificial. De hecho, son muchas las organizaciones que han avanzado en esta serie de programas informáticos que trazan hasta perfiles emocionales sobre sus empleados, como recoge el informe 'The datafication of workplace', publicado en 2019 por Lina Dencik, catedrática de la Universidad de Cardiff.

"Hemos atravesado una época que bien podría resumirse con una palabra que alude a un estado mental: incertidumbre", opina Dapra. "Por ello, lo que más hemos acabado valorando es la confianza y la seguridad, y menos la libertad". Esto nos lleva a una mayor obsesión con medir todo basándonos en datos, el problema, lógicamente, es cuando pretendes cuantificar una serie de rasgos de la personalidad de alguien a través de un programa informático, lo que sin duda genera mucha inquietud.

La salud mental y el 'burnout'

Otro detalle a tener en cuenta es que, durante estos últimos meses, la salud mental se ha puesto más en el centro que en épocas anteriores a la pandemia. Uno de los iconos de este cambio de paradigma o superación de prejuicios en todo lo que concierne a trastornos como la ansiedad, la depresión o el 'burnout' es la deportista de élite norteamericana Simon Biles. Si extrapolamos su caso al de cualquier trabajador que se encuentre quemado en su trabajo, evidentemente no todos tienen tanta suerte o son tan valientes. Muchos de ellos sufren en silencio los síntomas de falta de motivación, escasa autoestima o sensación de frustración.

Dapra considera que "son los jefes los que deben garantizar un espacio laboral adecuado para que estos problemas no aparezcan", y en caso de que se den, "actuar con comprensión y empatía". A fin de cuentas, la mayoría de los empleados que sufren estos trastornos no tienen una visibilidad o repercusión social tan grande como Biles, por lo que es muy fácil que se sientan solos e impotentes con su problema.

elconfidencial.com / Enrique Zamorano, 16/09/2021

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