De Burgos a Cádiz: los lugares tallados en roca más fascinantes de España
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De Burgos a Cádiz: los lugares tallados en roca más fascinantes de España


 
 
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Predeterminado De Burgos a Cádiz: los lugares tallados en roca más fascinantes de España

Las técnicas de construcción no han dejado nunca de variar, reforzándose entre unas y otras, alimentándose en un esfuerzo compartido por la supervivencia. Sin embargo, algunas de ellas siempre sorprenden, por más antiguas que resulten. La mirada humana hacia el territorio que habita, a menudo destructiva, a veces se sienta a conversar con él y del diálogo han surgido formas peculiares de refugio.

La piedra posee la dureza más que suficiente para resultar protectora, pero solo si se sabe tratar. De ese instinto, y con mucha paciencia, han ido surgiendo edificaciones que todavía cuesta adivinar, pero ahí están, sostenidas en el tiempo, y no hay que irse muy lejos para toparnos con alguna de ellas.

En España, el paisaje esconde muchos lugares de ver para creer. De entre ellos, algunos destacan como verdaderas obras de arte, auténticas esculturas que se pueden recorrer y atravesar. Desde Burgos a Cádiz, estas son cuatro de las maravillas rocosas de nuestro país.


Se resguarda entre las piedras como si quisiera pasar desapercibida, pero asoma una y otra vez para presentar a los ojos de quien viaja entre las localidades de Masegoso de Tajuña y Brihuega, en la provincia de Guadalajara. La aldea de Cívica parece un animal agazapado y una bestia enorme, todo al mismo tiempo, como las ilusiones ópticas. Pero este lugar no es ninguna ilusión óptica, aunque sí la ilusión de quien o quienes le han ido dando forma hasta hoy.

Emplazado en un paraje de gran belleza y cubierto de campos de lavanda, arroyos y cascadas surgiendo por todas partes, con grutas, manantiales, cavidades y corredores naturales a uno y otro lado, Cívica aparece a pie de carretera y nos cambia de escenario como por arte de magia: una construcción que surge de la piedra y la recorre en todas las formas posibles, un lenguaje creado, por supuesto, que sin embargo parece dialoga con la naturaleza con total fluidez.

Esta pintoresca construcción genera la simbiosis más clara de lo que puede considerarse un refugio natural, pero con algunos añadidos decorativos. Por ella se cree que han pasado ermitaños visigodos, cenobitas medievales, sufíes de Brihuega, místicos sefardíes refugiados, frieres del Temple tras su salida de Torija al disolverse la Orden, agustinos dedicados a labores agrícolas y a sus oficios religiosos o jerónimos. Por lo demás, poco se sabe sobre su historia pasada.

Para ser exactos, asegura el periodista Javier Ramos de los Santos en su blog 'Lugares con historia', solo hay algunas citas sueltas que aseguran que en el mismo lugar donde ahora se alza una construcción fuera de lo común hubo una vez una casa grande y una granja. Estas habrían sido compradas en el año 1441 por los monjes jerónimos de Villaviciosa de Tajuña a su dueño, Antón Díaz, residente en Cifuentes.

Asimismo, en otros textos, apunta Ramos de los Santos, se habla de su origen celtíbero. Eso sí, si hablamos de su estructura actual, "en realidad, se trata de una construcción reciente, aunque dé la sensación de tratarse de una aldea muy antigua. Y su responsable fue don Aurelio, un sacerdote enamorado de la belleza del entorno, que heredó los terrenos donde se encuentra este laberinto rocoso".

Sus vecinos pertenecen al Ayuntamiento de Brihuega, "pero sin ningún beneficio". Es decir, lo organizan todo y se organizan entre ellos

Nada empezó entonces, pero un pasado perdido prosiguió con aquel cura de la cercana localidad de Valderrebollo. Era 1950, y Aurelio adquiría una propiedad en Cívica. Desde entonces, "se dedicó todos los días entre hasta la década de los setenta, con ayuda de cuadrillas de vecinos de los pueblos y siempre después de la misa, a tallar en la roca todo tipo de pasadizos, arcos ojivales de inspiración medieval, balaustradas y otras curiosas formas". El propósito detrás de aquella colectividad y del resultado sigue siendo un misterio a día de hoy.

Al morir, este cura no dejó herederos, por lo que la propiedad pasó a otras manos, "y con ello a otros propósitos, algo más terrenales para un paraje tan hermético y original como este". En cualquier caso, aunque se dice de él que es un rincón abandonado, nunca lo ha sido.

Según explica la antropóloga Mercedes Pullman en el blog de la 'Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares', sus vecinos pertenecen al Ayuntamiento de Brihuega, "pero sin ningún beneficio". Es decir, sus habitantes lo organizan todo y se organizan entre ellos, desde la limpieza de calles, pavimento, las fuentes, hasta las formas de proteger su entorno del turismo irrespetuoso. "Actualmente, están luchando por conseguir ser una pedanía, pero me dicen que les queda mucho por hacer. Lo sorprendente es que tienen la electricidad en el pueblo solo desde 40 años. En pleno siglo XX estaban sin luz", señala Pullman.


Nos situamos en la provincia de Cuenta, a orillas del pantano de Buendía, en el paraje de "La Península". Aquí, todo es equilibrio entre pinos y piedras de arenisca. La llamada Ruta de las Caras, atraviesa ese espacio durante un par de kilómetros en la cual practicar senderismo también significa asistir a una especie de museo al aire libre de esculturas alegóricas.

Divinidades de todas las religiones y creencias figuran en este lugar sobresaliendo de sus rocas. Cada uno, por supuesto, es el resultado de una larga e intensa labor de esculpido. Krishna y Maitreya, con unas dimensiones de cuatro y séis metros, que se tardaron en esculpir ocho años por la dureza de la roca, la cara un chamán, esculpida en cuatro años, y que dirige su mirada a la calavera de la muerte, de metro y medio, desde la cual se puede divisar todo espacio al completo. Estas son solo algunas de las presencias que allí se han unido. El recorrido completo no conlleva mas de una hora andando, y se puede acceder a la zona en coche.


Setenil de las Bodegas es una de las localidades más singulares de los llamados Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz, con su característica imagen encalada, casa a casa, que desde lo lejos resulta un único espacio uniformado. En este caso, además de la cal de las paredes, un particular entramado urbano que actúa como corazón de su historia y vida llama la atención.

Situada al nordeste de esta provincia andaluza, a una altitud de 640 metros sobre el nivel del mar, su localización actual es de origen medieval, conservándose a día de hoy diferentes vestigios de su pasado almohade en el espacio de La Villa, aunque la presencia humana en la zona data desde el período neolítico, aseguran desde la web de la 'Asociación los Pueblos más Bonitos de España'.

Una parte de esta localidad permanece enclavada a lo largo de un cañón que ha sido excavado secularmente por el cauce del Guadalporcún

Todos sus vecindarios surgen a partir de un río, desplegándose desde la orilla y abriéndose camino. Es justo en el núcleo mismo de su centro donde una parte de esta localidad permanece enclavada a lo largo de un cañón que ha sido excavado secularmente por el cauce del Guadalporcún. Aquella obra fue entregada por la naturaleza, y con la técnica conocida como "abrigo bajo las rocas", sus habitantes la han aprovechado durante siglos hasta hoy.

De esta forma, la calle principal está compuesta por casas que parecen soportar el peso de una enorme roca que abraza sus techos sobresaliendo de ellas, y es que sus fachadas son como las de las casas normales, pero nada es lo que parece.

A lo largo de los siglos, intentaron conquistarlo hasta siete veces, de ahí su nombre: "septem nihil", en latín "siete veces nada". Durante la edad moderna perteneció a Ronda, hasta su independencia en 1630. Hoy Setenil de las Bodegas ya no tiene bodegas, pero desde 1985 es Conjunto Histórico.


Una delicia para los amantes de la naturaleza y la historia, así lo describen quienes han estado. Este lugar es uno de los menos turistificados de Castilla y León, pero no será por no ofrece nada. Aquí, la roca es también la protagonista.

Al sur de los montes de Somo, en la comarca burgalesa de las Merindades, Ojo guareña aparece como resultado de la paciente acción de arroyos y ríos. Poco a poco, el agua ha ido modelando las partes más solubles de la roca caliza presente hasta formar un relieve de crestas rocosas, simas, barrancos, cuevas, sumideros y hasta galerías. Por todas sus formas se filtra la lluvia y los caudales cercanos.

Según recoge Ramos de los Santos, existen alrededor de 400 cavidades, abarcando en total más de 100 kilómetros. Se trata pues de el complejo más extenso de toda la península ibérica y una galería rocosa única en el mundo, también por sus formaciones minerales y por la vegetación y fauna que alberga: nada menos que 190 especies de invertebrados, 16 de los cuales son únicos en el mundo.

Dispuestas en seis niveles, con una red principal formada por catorce cuevas que se comunican entre sí, el conjunto incluye muestras de arte rupestre en la Sala de las Pinturas, los grabados de la Cueva del Kaite y las improntas de pies en la Sala de las huellas. Se han documentado, además, grabados parietales, trazos de tiza y una pieza de madera labrada. En este sentido, los vestigios de ocupación humana datan desde el Paleolítico Medio a la Edad Media. De hecho, guardan huellas de pisadas en barro petrificado de hace más de 15.000 años.

Actualmente se pueden recorrer alrededor de 600 metros. Hasta hace tres años, explican desde la revista 'Más Castilla y León', la única cueva visitable era la de San Bernabé, con apenas 400 metros que finaliza en la ermita de San Tirso y San Bernabé, de carácter rupestre con frescos de los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, desde 2014 también se puede penetrar en la cueva Palomera, aunque recorrido se dirige a un público más especializado.

"A diferencia de su vecina, aquí conviene realizar una reserva previa, pues los diferentes trazados diseñados superan el kilómetro de longitud y los grupos son más reducidos. Podremos ver la sala Edelweiss, la sima Dolencias, la sala del Cacique y Museo de Cera. De su interés baste destacar un dato: en todo el espacio se ha detectado la presencia de 190 especies animales, con doce especies acuáticas y cuatro terrestres desconocidas para la ciencia", informan desde la mencionada revista.

Por lo tanto, como destacan desde el portal de 'Turismo Castilla y León', el conjunto es de gran interés para la espeleología, "un conjunto que goza de un interés hidrológico, morfológico, científico y hasta didáctico. Un lugar para divisar desde miradores: Mirador Alto Concha, Mirador de Retuerta, Mirador Pico del Cuerno (ruta de senderismo) o practicando deportes de naturaleza".

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