Guerra psicológica
Retroceder   ExVagos > Zona Bla Bla > Ateneo > Historia



Guerra psicológica


 
 
Herramientas Desplegado
 
#1  
Antiguo 10-dic-2019, 18:40
Avatar de MacCarlinhos
MacCarlinhos MacCarlinhos está desconectado
Moderador Series
 
Fecha de Ingreso: mayo-2016
Ubicación: Terra de Breogan
Mensajes: 28.739
Gracias: 245.270
Le dieron las gracias 102.807 veces en 28.166 Posts
Cool Guerra psicológica

Durante la Segunda Guerra Mundial no sólo se libró una guerra cuerpo a cuerpo en el campo de batalla, sino que también hubo una guerra psicológica en la que participaron tanto alemanes como aliados.

La guerra psicológica fue más «sucia» entre los años 1940 y 1941, cuando existía la probabilidad clara de una invasión alemana, por mar, a Inglaterra. Fue entonces cuando los ingleses agudizaron su ingenio y crearon un programa de radio, en la BBC, en el que su locutor, un inglés que hablaba perfectamente alemán, se hacía pasar por uno de ellos exiliado en Londres. El locutor, Sefton Delmer, realizaba su programa íntegramente en alemán, «supuestamente» con la intención de animar a sus compatriotas en el frente.

Pero nada más lejos de la realidad: su verdadero cometido era minar la moral de los soldados alemanes. El programa se convirtió en un éxito entre los alemanes destacados en Francia. Delmer enseñaba inglés a los crédulos alemanes para que pudieran desenvolverse sin problemas al llegar a Gran Bretaña. Cuando llegó el momento en el que la invasión parecía más probable, los británicos empezaron a propagar el bulo de que ellos mismos habían llenado sus costas de defensas. Defensas que incendiarían utilizando una gran cantidad de combustible sobre el agua para quemar cualquier barco que intentase desembarcar e impedir así la invasión.

A ello contribuyó el programa de radio: su director fue enseñando a los alemanes a pronunciar «Mi sastre es rico», «Amo a mi mamá», «Estamos cruzando el canal», «Navegamos en una lancha de desembarco», «No estamos lejos de la playa», «Yo me quemo, tú te quemas, él se quema…», «Nuestro capitán de las SS está ardiendo de la cabeza a los pies»…


En la misma onda, durante la Segunda Guerra Mundial, uno y otro bando se dedicaron a intentar minar la resistencia de los soldados y civiles del bando contrario con operaciones de la llamada propaganda negra. Por ejemplo, Alemania tenía varias radios clandestinas emitiendo para Londres que abarcaban espectros ideológicos diversos: las emisoras «comunistas» atacaban a las élites dirigentes y las emisoras «cristianas» abogaban por la paz, aunque, en realidad, todas eran un instrumento del Ministerio de Propaganda de Goebbels. Los ingleses, por su parte, emitían supuestamente programas realizados por miembros del Ejército alemán descontentos con la jerarquía nazi.

Seguramente la campaña que tuvo más éxito fue la que promovió la simulación de enfermedades y que enseñaba a los soldados y obreros alemanes, y a los de otras nacionalidades, cómo engañar a los médicos para que les diesen una baja por enfermedad. Por ejemplo, en 1943, la emisora holandesa de Londres emitió el siguiente consejo destinado a los trescientos mil holandeses condenados a trabajos forzosos en Alemania: «En sonarse la nariz se tarda sólo un cuarto de minuto. Pero si esta higiénica operación se ejecuta con la debida propiedad, puede consumir un minuto entero. Si trescientos mil hombres se suenan la nariz con frecuencia, tanto si lo necesitan como si no, Hitler perderá miles de horas de trabajo, según los cálculos más bajos».

Hacia julio de 1944, los documentos capturados a los alemanes señalaban la amplitud que había alcanzado la simulación de enfermedades, que esta aumentaba cada vez más y que causaba una gran preocupación en el cuerpo médico de la Wehrmacht. A todas las zonas militares se les ordenó que remitiesen regularmente «las cifras de estos simuladores que actuaban siguiendo las instrucciones difundidas por el enemigo». La base de esta campaña era un folleto de instrucciones que se divulgó ampliamente por toda Europa. La primera edición constaba de sesenta y cuatro páginas, pero con el tiempo llegó a las ciento cuatro.

El título original era Krankheit rettet (‘La enfermedad salva’), pero al poco tiempo se difundió disimulado, como si fuese otro tipo de publicación alemana (por ejemplo, un manual de la armada sobre deportes, un horario de trenes o un diccionario francés-alemán). En total se imprimieron más de veinte ediciones diferentes. La portada y las primeras páginas eran idénticas a las de las ediciones simuladas. Una de ellas imitaba uno de los librillos de papel de fumar más conocido de Alemania y el texto impreso estaba oculto bajo una capa de papel de liar auténtico.

Las instrucciones no sólo explicaban cómo fingir ciertos síntomas (a veces con la ayuda de medicinas o productos químicos), sino también cómo actuar ante el médico: «Los simuladores de enfermedades deben dar al médico la impresión de que son ciudadanos patriotas dedicados a sus obligaciones y que, debido a la mala suerte, se han puesto enfermos… Nunca hay que decirle al médico que se está enfermo, que se padece cierta enfermedad concreta u ofrecer voluntariamente ciertos síntomas. Un único síntoma que el médico haya descubierto gracias a las preguntas que haga vale diez veces más que todos los que declare el paciente». El objetivo de la campaña no era sólo el fomento de la simulación de enfermedades, sino también obligar a los médicos alemanes, advertidos de la existencia del manual británico, a sospechar que había engaños donde no los había. También se esperaba que mandaran de vuelta al servicio activo a gente enferma de verdad, propagando posiblemente enfermedades contagiosas y, ciertamente, fomentando el descontento. Una opción radical que les quedaba a los soldados era infligirse heridas a sí mismos.

El supuesto autor del folleto, un tal Dr. Wohltat (‘Dr. Bienhechor’), les aconsejaba cómo hacerlo sin dejar rastros de pólvora en la herida (disparando a través de una rebanada de pan). A juzgar por los numerosos informes y órdenes de la Wehrmacht sobre este tema, la simulación de enfermedades y, sobre todo, la automutilación eran un problema habitual en algunas unidades, a pesar de que esta última conllevaba automáticamente la pena de muerte. Incluso después de la guerra hubo una gran demanda de la obra del Dr. Wohltat: tanto en Gran Bretaña como en Alemania, los gorrones que querían vivir a costa de la Seguridad Social se convirtieron en sus más fervientes lectores.


Autor.- Gregorio Doval
__________________



Rock & Roll
Muchas gracias a aliciamaria y a MrWolf por esta maravillosa firma
"La ignorancia no es no saber sino no querer saber"
Responder Citando
Los siguientes 2 Usuarios le dieron las Gracias a MacCarlinhos por este Post:
guaxa (13-dic-2019), Yatevale (11-dic-2019)
 



(0 miembros y 1 visitantes)
 
Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
No puedes crear nuevos temas
No puedes responder temas
No puedes subir archivos adjuntos
No puedes editar tus mensajes

Los Códigos BB están Activado
Las Caritas están Activado
[IMG] está Activado
El Código HTML está Desactivado

Ir al Foro


La franja horaria es GMT +1. Ahora son las 19:39.


Powered by vBulletin®
Copyright ©2000 - 2020, Jelsoft Enterprises Ltd.
Exvagos2.Com Exvagos es marca registrada.