Tulsa, la masacre racista que empezó con un bulo
Retroceder   ExVagos > Zona Bla Bla > Ateneo > Historia

Avisos



Tulsa, la masacre racista que empezó con un bulo


 
 
Herramientas Desplegado
 
#1  
Antiguo 02-jun-2021, 15:50
Avatar de MacCarlinhos
MacCarlinhos MacCarlinhos está desconectado
Moderador Series
 
Fecha de Ingreso: mayo-2016
Ubicación: Terra de Breogan
Mensajes: 34.077
Gracias: 397.476
Le dieron las gracias 128.320 veces en 33.382 Posts
Cool Tulsa, la masacre racista que empezó con un bulo

La falsa acusación de violación de una blanca por un joven negro, hecha por un periódico de la ciudad, desató unos disturbios silenciados durante siete décadas.

Greenwood, el pujante barrio afroamericano de Tulsa, ardiendo tras la masacre; se bombardeó desde el aire. Library of Congress, Washington D.C.


Las fotos de aquel día podrían confundirse con las del bombardeo de Dresde o las del Blitz nazi sobre Londres. Edificios arrasados hasta los cimientos, enormes columnas de humo, cadáveres tirados en la calle... Sin embargo, en mayo de 1921, Estados Unidos no estaba en guerra contra ningún otro país. Al barrio de Greenwood, el llamado “Wall Street Negro” de la ciudad de Tulsa, en Oklahoma, le prendieron fuego sus vecinos blancos. Arrasaron más de 40 manzanas de la ciudad. Una de las peores masacres racistas de la historia del país.

Se cumplen 100 años de la matanza y del inicio del vergonzoso silencio que vino después. Hasta 300 personas murieron y más de 1.200 viviendas quedaron destruidas, pero el desastre fue mucho más allá de lo personal. Greenwood era una experiencia casi única en la segregación. Un barrio negro, próspero, con comercios y empleos que no dependían de los blancos. En un par de días ardieron dos periódicos y dos cines, una escuela, una biblioteca, un hospital... Toda una esfera de libertad y autonomía reducida a cenizas.

El Williams Dreamland Theatre, cine y teatro propiedad de un afroamericano en Greenwood, sería destruido en la masacre de Tulsa Greenwood. Cultural Center/Getty Images


El 30 de mayo de 1921 Dick Rowland tenía 19 años y trabajaba como limpiabotas. En el local donde ejercía no había baño “para negros”, así que tenía que usar uno que estaba en la última planta de un edificio cercano. Para llegar hasta allí, tenía que hacer uso del ascensor que manejaba Sarah Page, una joven blanca de 17 años. Y fue así como empezó la matanza que cambiaría Tulsa para siempre.

No se sabe a ciencia cierta qué pasó en aquel ascensor, aunque la explicación “más común” según la comisión que investigó lo sucedido en 2001, es que Rowland resbaló, agarró del brazo a Page y ella gritó. Cualquier relación interracial estaba prohibida por la ley, y una acusación de abuso por parte de una mujer blanca a un hombre negro suponía un riesgo inmediato de muerte para el acusado. Tal vez Rowland huyó por eso. El dependiente de una tienda cercana le vio salir a la carrera y llamó a la policía.

Nadie lo sabía aún, pero se acaba de activar una reacción en cadena que, en apenas unas horas, llevaría a una matanza. Dick Rowland fue detenido al día siguiente, en Greenwood. No se conserva la declaración policial de Sarah Page, pero no parece que la policía le diera mucha importancia al asunto. Sin embargo, todo eso era lo de menos, porque esa misma tarde el periódico vespertino Tulsa Tribune ya le acusaba en portada de intento de violación y de haberla atacado “arrancándole la ropa”. Comentaba, además, que iban a lincharlo.

Las ejecuciones extrajudiciales, particularmente las de afroamericanos, son una constante en la historia de EE. UU. Turbas justicieras que rodean una cárcel, exigen que se les entregue a un prisionero aún no condenado y lo matan. Dick Rowland, detenido en el edificio de los juzgados, tenía toda la justificación para temer por su vida: hacía apenas un año, una multitud había hecho exactamente eso con un acusado blanco al que habían sacado del calabozo. Al anochecer de aquel día, ya había varios centenares de hombres armados exigiendo que “les entregaran al negro”. Su intención estaba clara.

Artículo del 'Tulsa Tribune' que precipitó los disturbios. Dominio público


Por suerte para el detenido, el nuevo sheriff de Tulsa estaba decidido a que no volvieran a repetirse los sucesos del año anterior. Aunque la multitud le sobrepasaba en número, Willard M. McCullough organizó un dispositivo de seguridad en torno al juzgado, ordenó bloquear los ascensores y dijo a sus agentes que podían disparar a matar si la turba lograba entrar al edificio. Al mismo tiempo, en el barrio negro de Greenwood, otro grupo se organizaba para defender a Dick Rowland.

Unos ciudadanos negros de Greenwood, algunos armados y varios de ellos veteranos de la Primera Guerra Mundial, decidieron ir a los juzgados a garantizar la seguridad del detenido. En el momento más tenso, eran unos 75 frente a una multitud blanca de 2.000. Decidieron regresar a su barrio después de que el sheriff les asegurara que Dick Rowland no sería linchado.

Sin embargo, en ese momento se produjo un enfrentamiento. Un hombre blanco discutió con otro negro, intentó arrebatarle la pistola que llevaba y sonaron los primeros disparos. En cuestión de minutos ya habían muerto 12 personas.

Recogida de heridos por la Guardia Nacional durante los disturbios en Tulsa. Dominio público


Eran las diez y media de la noche y el caos tardó muy poco en extenderse. Unos 500 blancos se concentraron ante la comisaría de policía, donde les tomaron juramento como “asistentes de policía” y, con el apoyo de algunos agentes, saquearon varias armerías.

Durante las siguientes horas, ejecutaron a toda persona de color que encontraron, persiguiendo a tiros a varias en las calles del centro. A un indigente negro que era ciego y tenía las dos piernas amputadas, lo ataron a un coche y lo arrastraron hasta la muerte. Fue solo una de las muchas historias horribles de una noche que acababa de empezar.

Los negros iban retirándose como podían hacia sus barrios mientras la turba blanca continuaba con su cacería. Impedían el paso de ambulancias y el cuidado de los heridos, y cuando incendiaron las primeras casas en la parte más exterior de Greenwood, intimidaron a los bomberos a punta de pistola para que no sofocaran los fuegos.

Hacían circular rumores de un “alzamiento” de la población negra y de “trenes llenos de negros” que supuestamente estaban llegando a Tulsa para tomarla. Fue entonces cuando, al amanecer del 1 de junio de 1921, comenzó la invasión de Greenwood, el barrio negro más rico de EE. UU.

La guerra de Greenwood
10.000 blancos armados estaban concentrados en tres grupos diferentes alrededor de Greenwood. Según los testigos, a las 5.08 sonó una sirena y comenzó a disparar una ametralladora militar dispuesta en un punto elevado. Mientras la turba cruzaba las vías de tren para entrar al barrio negro, al menos seis aviones privados hacían las veces de “fuerza aérea” de los blancos, disparando contra los negros que huían e incluso arrojando artefactos explosivos. La guerra.

Cadáver de un negro en la masacre de Tulsa. SMU Central University Libraries / Dominio público


Grupos de vecinos de Greenwood intentaron defender con las armas los principales comercios de la zona, pero antes de las 8.30 ya habían ardido 13 manzanas. El procedimiento era siempre el mismo: los grupos blancos llegaban a una casa, saqueaban los objetos de valor y le prendían fuego.

Antes habían sacado a la calle a sus habitantes negros y les conducían a punta de pistola a un improvisado campo de internamiento. La policía, mientras tanto, no hacía nada salvo colaborar con las “detenciones”.

Muebles amontonados en la calle durante los disturbios en Tulsa. Library of Congress


A las nueve de la mañana ya era evidente que el Greenwood que se conocía hasta entonces había dejado de existir. Habían desaparecido una docena de iglesias, cinco hoteles, 31 restaurantes, ocho consultas médicas, más de una veintena de tiendas de alimentación y un millar de viviendas. Algunas de ellas habían sido saqueadas e incendiadas por los propios agentes de la policía de Tulsa.

A las 11.30 se declaró la ley marcial y las tropas del estado de Oklahoma, todos militares blancos llegados de fuera de la ciudad, empezaron a restablecer un mínimo de orden.

Afroamericanos detenidos en los disturbios en Tulsa. SMU Central University Libraries / Dominio público


“El orden” era, como siempre, bastante desigual. Mientras los soldados iban desarmando a las milicias blancas y permitiéndoles irse tranquilamente a casa, al menos 6.000 afroamericanos seguían detenidos en un campo de concentración. Otros miles habían huido de la ciudad y alguno había sido asesinado mientras lo intentaba. Al menos 10.000 habían perdido su negocio, su casa o las dos cosas. Dick Rowland, el joven limpiabotas acusado de violar a una chica blanca y por cuyo intento de linchamiento empezó todo, fue trasladado fuera de la ciudad y abandonó Tulsa para siempre. Fue exonerado sin necesidad siquiera de juicio.

El pesado silencio
Buena parte de lo que sabemos de la masacre de Tulsa lo conocemos gracias al minucioso trabajo de una comisión oficial de investigación que fue aprobada en 1997, más de 75 años después del desastre, y que presentó sus resultados en 2001. Durante todo ese tiempo no hubo desde las instituciones más interés que el de tapar lo sucedido, borrar las huellas, impedir que se abrieran las fosas comunes y callar a los supervivientes.

Víctimas de la masacre de Tulsa se recuperan en un hospital de la Cruz Roja. Library of Congress


El Tulsa Tribune fue el periódico donde se publicó la falsa acusación de violación que encendió la mecha de los disturbios y también el artículo que hablaba de “linchar” al acusado. Esos textos se borraron misteriosamente de su archivo años después. Tras la quema de Greenwood, sin embargo, el diario no parecía muy arrepentido: “El carnaval de crimen acaba aquí y será enterrado entre las cenizas de la ‘villa negrata’ que ha desaparecido”.

El ayuntamiento, por su parte, creó una comisión formada solo por blancos con la misión de “aliviar el sufrimiento de los negros” y “reconstruir y rehabilitar”. A pesar de esas buenas intenciones, decidió que no permitiría a la población afroamericana volver a levantar sus casas en Greenwood, sino en un área distinta, para que “las dos razas estén separadas” por una zona industrial y así se evite cualquier mezcla entre “sus elementos más bajos”, porque esa es “la raíz de un mal que no debería existir”. También hizo cuanto pudo para evitar que los afectados negros, a diferencia de los blancos, pudieran cobrar sus seguros de incendio.

Un residente de Greenwood ante lo que fue su casa tras la masacre de Tulsa. SMU Central University Libraries / Dominio público


Los tribunales tampoco hicieron mucha justicia. Un jurado decidió culpar a los negros de haber provocado los disturbios, aunque después no se condenó a nadie. El periódico Tulsa Star resumió las conclusiones de ese jurado de forma bastante acertada: “El jurado culpa a los negros por incitar los disturbios raciales y exonera claramente a los blancos”. Su argumentación fue que todo era responsabilidad del grupo de afroamericanos que se había acercado al juzgado a defender la vida de Dick Rowland y que la multitud blanca que gritaba “entregadnos al negro” y “traed la soga” no quería en realidad lincharlo.

Durante años, el silencio general hizo que multitud de habitantes de Tulsa, blancos y negros, no supieran siquiera que la masacre había tenido lugar. Varias décadas después de producirse, todavía algunos periodistas recibieron amenazas al empezar a investigar el asunto. La comisión de investigación publicó su informe en 2001 y dijo que las autoridades habían conspirado para destruir Greenwood y que, por tanto, su recomendación era que se compensara a las víctimas y a sus descendientes. No se ha hecho, y algunos siguen buscando justicia en los tribunales 100 años después.

El barrio de Greenwood en ruinas tras la masacre de Tulsa. Library of Congress


De acuerdo con un estudio de la Universidad de Harvard, la masacre tuvo efectos en las condiciones de vida, el empleo y el nivel educativo de los negros de Tulsa durante las dos décadas siguientes. Todavía hoy tienen el doble de posibilidades de no tener empleo que los blancos. Greenwood era antes de mayo de 1921 un milagro, “el edén del oeste para la gente de color”, como lo llamó un periódico afroamericano. Un oasis de oportunidad que salió ardiendo hace un siglo y del que nadie se ha responsabilizado todavía.


Autor.- CARLOS HERNÁNDEZ-ECHEVARRÍA
__________________

Rock & Roll


Muchas gracias a aliciamaria y a MrWolf por esta maravillosa firma
"La ignorancia no es no saber sino no querer saber"
Responder Citando
Los siguientes 2 Usuarios le dieron las Gracias a MacCarlinhos por este Post:
picaporte93 (18-jun-2021), xurotan (04-jun-2021)
 



(0 miembros y 1 visitantes)
 
Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
No puedes crear nuevos temas
No puedes responder temas
No puedes subir archivos adjuntos
No puedes editar tus mensajes

Los Códigos BB están Activado
Las Caritas están Activado
[IMG] está Activado
El Código HTML está Desactivado

Ir al Foro


La franja horaria es GMT +1. Ahora son las 00:11.


Powered by vBulletin®
Copyright ©2000 - 2021, Jelsoft Enterprises Ltd.
Exvagos2.Com Exvagos es marca registrada.