Soros, el "nuevo orden mundial" y la "élite globalista": la teoría de la "plandemia" se ajusta como
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Soros, el "nuevo orden mundial" y la "élite globalista": la teoría de la "plandemia" se ajusta como un guante al marco de Vox
  • Los negacionistas no tienen el apoyo de ningún partido, pero comparten con la ultraderecha elementos clave de su discurso y su idea del mundo
  • Líderes como Trump, Bolsonaro y Orbán, admirados por Abascal, usan las teorías conspirativas como parte central de su estrategia
  • Autores como Jason Stanley han advertido del grave riesgo para la democracia que supone el auge de estos movimientos anticientíficos
Ángel Munárriz
[email protected] @angel_munarriz

Publicada el 19/08/2020

Soros, la “élite globalista”, los multimillonarios de izquierdas, el “nuevo orden mundial”, las maquinaciones de los poderosos confabulados... Sin compartir escenario, los seguidores de la teoría conspirativa de la “plandemia” hablan el mismo idioma que Vox. La historia, tanto la reciente como la remota, muestra que este tipo de movimientos se alimentan del –y son alimentados por el– caudillismo nacionalista, que a su vez obtiene rédito de ellos. Ocurre y ha ocurrido en España y fuera.

No soy judío, no soy masón, no pertenezco a ninguna sociedad secreta u oculta”. Quizás sin saberlo, y mientras intentaba justificarse ante sus seguidores por no creer en la “plandemia”, Iker Jiménez tocaba una de las claves de todo el asunto: el temor y la desconfianza hacia “el otro”. Ese es el pegamento más habitual de las teorías de la conspiración, de las que por cierto ha vivido y vive Jiménez: un otro amenazante, o un conglomerado tan maligno como difuso, que se opone a nosotros y que sirve como factor aglutinante y chivo expiatorio. Es de primero de populismo.

Este otro puede ser, y lo ha sido con frecuencia, el judío. O el masón. Pero también el extranjero, o la élite, o la potencia extranjera. O incluso, cuando la conspiración supera la línea de la paranoia, la Orden de los Iluminados de Baviera o unos extraterrestres reptiloides. También puede ser una coalición de amenazas, como ocurría con el contubernio judeomasónico y marxista que veía la autoridad franquista tras cada disidente.

Ahora, con el movimiento negacionista del covid-19 en efervescencia, ese otro es una chirriante constelación de la que forman parte el gobierno socialcomunista, la élite globalista, Soros, Bill Gates, China y el lobby farmacéutico, confabulados de algún modo en un plan maestro para dividir al pueblo y abolir la libertad a través del miedo, las vacunas, el chip ID2020 y el 5G... Suena disparatado. Por un motivo: es disparatado. Pero disparatado no significa inocuo. Ni desconectado de la realidad política española ni de la lógica de sus partidos.

No es casual. Hay una lógica detrás. Las conspiraciones son consustanciales al nacionalismo excluyente y a la persecución de grupos determinados desde tiempos remotos, con consecuencias a menudo terribles. El siglo XX, con su nefasta primera mitad, es emblemático. El libelo antisemita Los protocolos de los sabios de Sión (1902), que detalla un complot judío para dominar el mundo, fue un manantial para la propaganda nazi. Pero no hay que irse tan lejos. Las conspiraciones son aquí y ahora. Sirven para llegar al poder. Y para mantenerse en él. No conviene tomarlas a la ligera, incluso si son delirantes. infoLibre analiza el fenómeno con ayuda de expertos y observadores.

Caudillos 'conspiranoicos'

Veamos. El partido polaco Ley y Justicia, admirado e imitado por Vox, ha sido el más entusiasta animador de las teorías de la conspiración sobre un supuesto asesinato por parte de Rusia del que fuera presidente Lech Kaczyński, muerto en un accidente de avión en 2010. El birtherism, teoría según la cual Barak Obama nació en Kenia, lleva el sello de Donald Trump, seguidor de las más variopintas fábulas conspirativas y difusor de bulos, que ahora anda ocupado poniendo en duda que la candidata demócrata a vicepresidenta Kamala Harris sea verdaderamente ciudadana estadounidense y asegura que las elecciones de noviembre van a ser amañadas (si no gana él, por supuesto).
Trump se niega a desmarcarse de la teoría de la conspiración de QAnon, con adeptos en el bando republicano y según la cual actores liberales de Hollywood y políticos demócratas están implicados en una red de pedofilia. Por supuesto, también ha coqueteado con al movimiento antivacunas. Esto también lo han hecho Marine Le Pen en Francia y Matteo Salvini en Italia.

Y hay más. En Brasil Jair Bolsonaro promovió una teoría según la cual ha habido una conjura de intelectuales e izquierdistas para ocultar los éxitos de la dictadura militar. La lista de teorías conspirativas es larga en este campo político.

Las teorías de Vox

¿Y en España? Está la teoría de la conspiración del 11M, de la que hoy casi nadie quiere acordarse, pero que destacados dirigentes del PP y medios como El Mundo, la Cope y Libertad Digital alentaron. Hoy es el Vox el más claro heredero. El partido de Santiago Abascal continúa reclamando “toda la verdad”, la forma más cómoda de mantener viva una conspiración ya languideciente.

Vox, inspirado por las tesis comunicativas de Steve Bannon, es el partido español que mejor sintoniza con la exitosa onda de la conspiranoia, que comparte vecindario con el revisionismo histórico –Abascal opina que la Guerra Civil la provocó el PSOE– y las fake news. Abundan los ejemplos.

Antes de convertirse en tercera fuerza política en el Congreso, figuras de la formación han defendido la existencia de un "genocidio de hombres" por la Ley de Violencia de Género, han dado una visión contemporizadora sobre el nazismo –aunque su principal referente en esta línea, Fernando Paz, acabó saliendo del partido–... Además, Abascal es escéptico sobre el cambio climático. "El cambio climático existe desde que el mundo existe. Otra cosa es que sea por acción del hombre, no voy a entrar", ha afirmado.

Vox también comparte una de las obsesiones de los conspiranoicos de la plandemia: el temor a que el “globalismo” instaure un “nuevo orden mundial”. De hecho, es una de las preocupaciones del antiguo presidente del partido en Barcelona, Carlos Garcés, hoy al frente del Movimiento por el Despertar Ciudadano.

La formación incurre en conductas que con marca de fábrica del ultraderechismo: las acusaciones genéricas basadas en teorías conspirativas y la manía persecutoria, que al mismo tiempo permite ejercer el victimismo y señalar al culpable [ver aquí información en profundidad].

El triunfo de lo falso

¿Cómo se explica ese matrimonio con amor del autoritarismo con las conspiraciones? Oigamos la respuesta de Jason Stanley en Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida (Blackie Books, 2019): "Lo que sucede cuando las teorías conspiratorias pasan a formar parte de la política y se desacredita a los medios de comunicación generales y a las instituciones educativas es que los ciudadanos ya no tienen una realidad común que les sirva de telón de fondo para poder reflexionar democráticamente". Ahora, a Michela Murgia en Instrucciones para convertirse en fascista (Seix Barral, 2019): "Es preciso minar todo principio de jerarquía entre las opiniones a fin de que no se pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso".

Las teorías de la conspiración, del mismo modo que las fake news, se benefician de la autopista que para la desinformación han abierto las redes sociales y la mensajería instantánea. Un terreno en el que las fuerzas de ultraderecha se han movido como pez en el agua. Un estudio de la BBC de 2018 vincula la difusión de noticias falsas con el auge de ideas nacionalistas, impulsadas por la inmediatez y la emocionalidad de las redes. Dos estudios más: uno del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) ha comprobado que las noticias falsas se difunden más y más rápidamente que las de verdad. Otro del periódico Folha de S. Paulo concluyó que el 97% de las noticias compartidas por whatsapp por los seguidores de Bolsonaro durante la campaña en Brasil eran mentiras o distorsiones. La vinculación del éxito de Trump con la difusión de contenido dudoso está acreditada por numerosos informes, como Trump 2016, ¿presidente gracias a las redes sociales?, del profesor Rodríguez Andrés.

Es lícito preguntarse: ¿Qué sería de los adalides del nuevo autoritarismo sin mentiras, manipulaciones y conspiraciones?

George Soros y Bill Gates

No todos los asistentes a las concentraciones negacionistas en España ni todos los seguidores de estas teorías compran el paquete completo. Es decir, los hay que simplemente creen que estamos ante una “falsa pandemia”, así como los que van mucho más allá y consideran que el Gobierno está plagado de traidores al servicio de potencias extranjeras o incluso de reptilianos, del tipo de los de la mítica serie V. Son, según todos los observadores y a tenor del rastro de sus manifestaciones, diversos ideológicamente, con el hilo común del tic supuestamente antisistema. Todo ello, sumado al carácter delirante de algunos postulados y el toque extravagante de no pocos de sus referentes, hace a los partidos políticos inviable sumarse o apoyar su causa. Vox –y, en menor medida, el PP de Isabel Díaz Ayuso– sí respaldó las caceroladas surgidas en el Barrio de Salamanca, que comparten algunos elementos con estas, aunque tenían un cariz más claramente derechista e integrista. Pero ahora ni siquiera el partido ultraderechista apoya las manifestaciones anti-mascarilla y negacionistas, la más numerosa la celebrada el domingo en Madrid, con la asistencia de más de 2.500 personas.

¿Significa eso que estos movimientos son neutros ideológicamente? No, a tenor de las impresiones recabadas para este artículo. Guillermo Fernández, autor del libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa. El caso del Frente Nacional (Lengua de Trapo, 2019), afirma que, aunque a priori no debería beneficiar a nadie, en el corazón del dispar imaginario conspiranoico está el rechazo a las “típicas bestias negras de la extrema derecha”, en referencia a los “magnates con aura progre”, caso de Gates y Soros. Ahí hay una conexión, una coincidencia, que a juicio de Fernández sitúa a Vox en mejor posición que el resto, incluso sin apoyo expreso. Es curioso lo de Soros: está entre las obsesiones de su compatriota Orbán –que lo aborrece–, Salvini, Le Pen, Trump. Y Abascal, claro. Una de las teorías que más repite Vox es que Soros y las "élites globalistas" están confabulados para, entre otros fines, promover la entrada de inmigración ilegal en Europa.

Miedos, frustraciones, sentido de pertenencia


El sociólogo Iago Moreno observa nítidas conexiones entre el ultraderechismo y el campo conspiranoico. “El auge de la extrema derecha se alimenta de los miedos, las frustraciones y las desconfianzas propias esta 'crisis de época'”, señala. “Para ganar”, añade, la ultraderecha “sabe que tienen que aspirar al modelo Bolsonaro”, consistente en “separar dentro de la sociedad a una parte de esta, empujándola a asumir una explicación paranoide en la que todo se refiere a lo mismo: una conspiración, un contubernio, una sombra negra. El acecho permanente de la 'anti-España”.


No es sólo un marco teórico. “Vox ha acusado a Sánchez de estar subordinado a Soros y ser una marioneta del globalismo. Es decir, de seguir órdenes ocultas dictadas desde un lugar sin nombre con intenciones perversas contra 'la raza, 'la familia'...”, señala Moreno, que recuerda que “dirigentes como Ortega Smith han coqueteado durante la pandemia con la idea de que el virus pudiese ser una suerte de arma bacteorológica de Xi Jinping”. Y añade: “Ahora hablaremos mucho de la plandemia y de los antivacunas, pero la conspiración más arraigada en el imaginario social de millones de españoles es la de que España vive amenazada por rojos, masones, separatistas, terroristas...”. Volvamos al hilo de Twitter de Iker Jiménez: “No soy un traidor, no estoy a favor de Soros, Bildelberg ni la Masonería”.

Buscando culpable

El escritor Miguel Anómalo, que combina humor y rigor científico para abordar el tema en su libro Conjuras, tierras planas y lagartos: Grandes éxitos de las teorías de la conspiración (Titilante, 2019), lo ve así: “Cada uno llega a las teorías de la conspiración por un camino. O llegamos, porque todos hemos caído en el alguna cuando nos interesa para nuestra cosmovisión. Sirven para generar sentido de pertenencia, nos reconocemos, tienen un carácter lúdico también... Hay algo de punto de encuentro con otra gente, al mismo tiempo que puede haberlo de antisistema o rebelión. También está el 'todo me va mal, alguien tiene que ser culpable de esto'. Estas teorías funcionan en cierto modo como el nacimiento de las religiones, porque ofrecen una explicación: alguien, una mano oculta, lo hace todo. Al menos no es el caos. Y eso te reconcilia con la existencia”.

¿No hay jugo político, entonces? Sí lo hay, responde. “Es muy capitalizable por movimientos antisistema. Y no me refiero al 15M, sino a la ultraderecha”. El escritor apunta a una emoción movilizada por estas corrientes que es compartida por Vox: “Si hay alguien moviendo los hilos que no es legítimo, hay que hacer algo, hay que responder... ¡No podemos permitir que los reptilianos extranjeros nos dominen!”, bromea. De este modo, al igual que Trump no puede apoyar expresamente la teoría QAnon, Vox no puede hacerlo con la “plandemia”, pero sí beneficiarse de su existencia.

“Sectarismo difuso”

El investigador sobre sectas Luis Santamaría, director de Oropel y que hace una atento seguimiento de este submundo en su cuenta de Twitter, afirma: “Lo que se produce es una concreción del pensamiento mágico e irracional, que llamaríamos sectarismo difuso”, señala. Santamaría observa un campo abonado para “captar y manipular” población. “Esto va más allá de unas simples ideas. Ofrece una cosmovisión, que va a lo emocional para ofrecer seguridad. Se busca apoyo comunitario, sentirse miembro de una familia de gente que piensa y siente lo mismo, que participa de una misma conciencia. Hay algo muy importante, con un efecto poderoso y magnético: sentirse depositario de una verdad especial que el resto de la población no ve. Por eso se utiliza tanto esa diferencia entre los despiertos y los dormidos. Los demás están dormidos, manipulados por los poderosos. Y ahí entran las teorías más inverosímiles, desde los reptilianos a los extraterrestres, que son las nuevas mitologías de un mundo secularizado”.

Santamaría incide en este punto. Con la secularización, asegura, “no hemos pasado de un mundo creyente a un mundo increyente, sino de un mundo creyente a un mundo crédulo”. De hecho, le parece contradictorio que haya ambientes y organizaciones católicas en las que haya “calado el mensaje conspiranoico”. “A lo mejor por ideología, por oponerse a un gobierno con el que no están de acuerdo, siguen doctrinas que entran en colisión con su fe cristiana y no son conscientes de esa contradicción”, señala. En cuanto al arco ideológico, el director de Oropel observa en las bases de este movimiento elementos de extrema izquierda y extrema derecha, sin distinción.

Ciertamente, la izquierda no ha sido ajena ni a las teorías conspirativas ni a la pseudociencia. Hay incluso un libro de Mauricio-José Schwarz que bautizó el fenómeno: La izquierda feng-shui: Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres (Ariel, 2017). Hay voces en el campo progresista que se muestran conscientes del riesgo de cualquier aproximación a este caladero. El sociólogo y escritor Jorge Moruno, diputado de Más Madrid, lanzaba esta alerta tras la manifestación del domingo. “Aunque venga de gente que se considera de izquierdas, la conspiranoia como explicación del estado de cosas siempre acaba desembocando en posiciones reaccionarias y vinculadas a la extrema derecha. Concebir el poder como 'el sistema', entendiendo por esto una cosa, un pulpo con tentáculos o un club donde manejan 'los hilos' porque hay un plan oculto en el que 'todos' están compinchados, sólo puede conducir a cosmovisiones psicóticas”.

https://www.infolibre.es/noticias/po...0109_1012.html
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Creo que para que todas estas teorías y "fake news" tengan tanto éxito hace falta una sociedad ignorante.
No se puede permitir que la gente tenga criterio propio y capacidad crítica. Si a la falta de una buena educación juntamos el miedo y el descontento con los gobernantes, ya tenemos el cóctel perfecto para que el populismo campe a a sus anchas.

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Plandemia: cómo las teorías de la conspiración te llevan a la extrema derecha

19 agosto 2020

Madrid, 16 de abril. Como estaba anunciado, se reúne una manifestación con cientos de personas en protesta en contra del uso obligado de mascarillas y en contra de la existencia misma del coronavirus. Aunque, aparentemente, no era nada relacionado con la política, nada más lejos de la realidad.

En la manifestación junto a lemas como Queremos ver el virus, lo que mata es el 5G” o “bote, bote, bote, aquí no hay rebrote, había otros lemas con mucho más contenido de fondo como los niños no se tocan, “el masón al paredón”,la vacuna de Bill Gates por el culo os la metéishasta algunos directamente políticos como “Iglesias a Prisión”.

Muchos de estos lemas tienen que ver con largas y complejas teorías de la conspiración que se vienen gestando desde hace años en Internet.
Se entiende por teorías de la conspiración a las teorías alternativas que describen la realidad mediante hechos que difieren de los cánones oficiales. Esto no sería más problemático sino fuera porque se nutren en general de hechos acientíficos, desinformación, fake news o sucesos de carácter paranormal, entre otros.

Incluso cumpliendo todo lo demás podría preguntarse por qué es un problema. Pues lo sorprendente es que la mayoría de estas teorías concuerdan punto a punto con el ideario de la extrema derecha, cuando no son promocionadas directamente por ellos..

Pero este hecho no es de extrañar. Hasta el auge del populismo nacionalista y la derecha radical, estas teorías solo encontraban eco en canales supremacistas blancos y foros radicales conservadores de Internet.

Con su crecimiento, las teorías han abandonado las redes y han fluido hacia la realidad, llegando a un público más amplio y sirviendo de caballo de Troya de una agenda ideológica, precisamente de las élites a la que tanto atacan dichas teorías.

No en vano, en el auge del fascismo del Siglo XX, las teorías de la conspiración era un vehículo común de la extrema derecha.


El auge del nazismo y las teorías de la conspiración.

El propio nazismo, en su nacimiento a lo largo de los años 20 y 30, se basó en teorías conspirativas, un arma que utilizaría también el fascismo italiano y el franquismo español. Y no solo eso, sino que también se basaron en pseudociencias.

Desde una supuesta conspiración judeo-marxista para corromper el estado alemán hasta el “contubernio judeo-masónico-comunista internacional”, estas teorías que ponen frente a la sociedad enemigos imaginarios contra los cuales deshumanizar a sectores de la población para convertirlos en enemigos del estado y así justificar sus políticas, está en el propio génesis de la extrema derecha.

Sin ir más lejos, las teorías sobre la supuesta superioridad de la “raza aria” y que conforman el epicentro de la ideología nazi para justificar el ultranacionalismo y el supremacismo contra otros pueblos no germanos proviene de historias mitológicas que se desarrollaron en el seno de sociedades secretas elitistas donde la clase alta alemana debatía sobre política, paganismo nórdico y ciencias ocultas.

Uno de estos grupos fue la llamada Sociedad Thule, a la que pertenecía Anton Drexler, fundador del Partido Obrero Alemán (DAP) en 1919, que en 1920 pasaría a llamarse Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP o, simplemente, partido nazi) con Adolf Hitler al frente. La Sociedad Thule (y buena parte de estos grupos ocultistas) usaban la esvástica como símbolo al ser asociado al concepto de “raza aria”.

Lo interesante de este concepto es que surgió como un término lingüístico, pues se pensaba que todas las culturas e idiomas del mundo tenían un origen común (una sociedad protoindoeuropea) y que habría una especie de civilización primitiva a la que llamaron “los arios”. Dado el extendido uso de la esvástica por múltiples civilizaciones y religiones y ser uno de los símbolos más antiguos del mundo, se asociaron ambos términos.

No obstante, la ultraderecha alemana distorsionó el término para teorizar que la población germana descendía de los arios y que, por lo tanto, era más “pura”, defendiendo que su origen provenía de algún continente perdido (Atlántida, Hiperbórea…) y reivindicando cultos paganos, la magia nórdica y el supremacismo nacionalista.

Es por eso que parte de la extrema derecha actualmente sigue empleando símbolos como las runas nórdicas antiguas o la cruz celta. Y es que, no se puede tender el nazismo sin teorías pseudocientíficas, a las que se suman el darwinismo social o la eugenesia.

Teorías de la conspiración, descredito y acientifismo

La extrema derecha y las teorías de la conspiración coinciden en explicar la realidad afirmando que existen pequeños grupos de poder generalmente contrapuestos a la masa social (bien vs mal) sin grises ni matices. Una visión clásica que traduce procesos muy complejos de manera muy simplificada, identificando a supuestos enemigos, traidores que amenazan el bienestar general.

En las teorías de la conspiración, estos grupos pueden ser desde élites privilegiadas (población judía, clases muy altas) a entes sobrenaturales (reptilianos, annunakis, etc). La retórica del populismo nacionalista, con objetivo político, suele prescindir de los elementos más sobrenaturales y se centra en pequeñas y malvadas élites que se encuentran detrás de cada movimiento histórico. Casualmente esas élites son siempre sus enemigos ideológicos.

Esta visión minimalista carece de rigor histórico, ya que la historiografía demuestra cómo los hechos suelen ocurrir por una multiplicidad de factores.


Y sin negar que ciertos grupos tengan influencia y ansíen beneficios, el poder y las oscuras intenciones que se les achaca en distintos procesos históricos parece desmesurado. Es decir, no tiene sentido que todos los acontecimientos importantes sean fruto de la decisión de un grupo de personas poderosas quienes, además, no tienen por qué tener los mismos intereses.

La pregunta es por qué tienen un auge tan potente en la actualidad si siempre nos han acompañado. Y como siempre, se juntan distintos factores que da lugar a su gran protagonismo en la actual vida pública:

En primer lugar, viene el descrédito de distintos organismos y grupos de las democracias liberales: instituciones, expertos y medios de comunicación.
Las instituciones y la política se ven como seres lejanos, que fallan constantemente, decepcionan o mienten por sus propios intereses, de una manera totalmente categórica y sin matiz alguno.

De los expertos se observa que fallan (aunque e obvian que también aciertan) y que han sido incapaces de prever crisis o de tomar medidas para corregirlas, por lo que su conocimiento pierde valor.

Los medios de comunicación no se perciben como neutrales sino serviles a una agenda política. Esto ha causado una mengua en su influencia que hace que se busquen vías de información alternativa

En segundo lugar, conectado con lo anterior, viene el auge de las redes sociales. Las redes dan un altavoz a cualquier persona pudiendo optar por dar su explicación personal de la realidad. Además, permiten poner en conexión a múltiples individuos con distintas ideas que antes permanecían apartados forzosamente a, uniéndose en foros y grupos y quedando atrapados en cámara de eco” donde sus mensajes se repiteny se popularizan.

De este cóctel de desconfianza en los expertos, en las teorías consolidados y la rápida búsqueda mediante las redes de información alternativa, nace el tercer supuesto, el acientifismo.

La negación de la realidad científica (generalmente nacido de un absoluto desconocimiento sobre cómo funciona la ciencia) es cada vez más común. Se ponen en duda consensos científicos, consensos de instituciones (como la ONU o la OMS) generalmente porque no coinciden con la opinión formada por teorías alternativas del que escucha.

Al final, se cae en una cuestión de que todo es opinable y subjetivo. Y desde ahí, no se puede hacer otra cosa que navegar en los mares de las teorías de la conspiración.

Masonería, illuminatis, Nom, Bill Gates y Soros

En la retórica de las teorías de la conspiración podemos hallar tres grupos de poder, cada uno con sus propios personajes más comunes que tienen sus propias teorías de la conspiración: las sectas y órdenes (Illuminati y los Masones), personajes de las élites (Soros y Bill Gates) y los organismos burocráticos, generalmente supranacionales (el Nuevo Orden Mundial).

Sobre las sectas y órdenes, los Illuminati (o iluminados de Baviera) fueron una organización política secreta que se oponía al catolicismo y al poder del estado.

Tuvieron un gran éxito y se disolvieron rápidamente, perseguidos por la Iglesia. Sobre la historia queda la duda de si se disolvieron o pasaron a la clandestinidad.
Los Masones son una organización de carácter secreto y espiritual que se ha opuesto a la religión católica y, en general, ha estado vinculada a valores progresistas y a la filantropía.

En lo que respecta a las élites, los centros de todas las teorías de la conspiración recaen en George Soros y Bill Gates, dos de las mayores fortunas mundiales visibles.

Ambos multimillonarios destacan por su carácter filantrópico y se les acusa de llevar a cabo una agenda progresista o que busca manipular a la sociedad (migraciones, experimentación humana, cambio climático, feminismo, etc…). En estos grupos también se nombra asiduamente a los Rockefeller y Rotschild, pero en menor medida

En lo que organismos burocráticos se refiere, aunque hay un descrédito de la mayoría (el Estado, la Unión Europea, la ONU), estas teorías eclosionan en El NOM.

El NOM (o NWO en inglés) es la idea que existe un plan globalista, para crear un único gobierno mundial de enorme poder y de carácter burocrático manejado por “las élites”.

Lo sorprendente de estas tres categorías es que las organizaciones o personas que se señalan se contraponen férreamente a los ideales de la extrema derecha.
Tanto en el caso de los Illuminati (aunque esta organización carece de funcionamiento desde hace dos siglos) como de los masones (en activo) estas organizaciones han luchado contra la religión cristiana y contra sus supuestos teóricos. La masonería siempre ha estado en el punto de mira de la extrema derecha (la conspiración judeo-masónica de la que hablaba el dictador español Francisco Franco es un buen ejemplo).

En el caso de las élites (sin querer defender como han conseguido sus fortunas, que eso sería motivo para otro artículo) destaca que a los que se señala no sea a los granes propietarios de corporaciones que destruyen el planeta, sino a los que realizan obras filantrópicas e intentan de una u otra manera apoyar ciertas causas relacionadas con la justicia social.

En los organismos supranacionales, la teoría del NOM es el culmen del rechazo a los organismos supranacionales y una alegoría a las teorías liberales de reducir los Estados a la mínima expresión.

La terrible teoría del surgimiento de un gobierno mundial está otra vez casualmente en consonancia con el carácter profundamente nacionalista y local de la extrema derecha, opuesta a cualquier tipo de globalismo. De hecho, han demostrado una y otra vez su repudio a los organismos internacionales y supranacionales (ONU, UE, etc.) no por motivos de justicia social como en ocasiones sucede con fuerzas de izquierda, sino por la única razón de que le impiden desarrollar su agenda reaccionaria.

En un mundo cada vez más conectado, con escasos recursos, que requiere la solidaridad y cooperación para enfrentarse a los próximos grandes problemas globales y con un potencial de guerra capaz de aniquilar al conjunto de la raza humana, que los diferentes estados y organizaciones hablen entre ellos y estén más conectados no debería ser algo malo, especialmente si los objetivos tienen que ver con la igualdad y la justicia social y ambiental.

Y es curioso porque este discurso contra las élites ha sido sostenido por personas izquierdistas (y todavía es así en algunos sectores, sobre todo desde el anarquismo). Muy especialmente durante la crisis económica de 2008, se sostuvo que el Nuevo Orden Mundial, los Roschild, los Rockefeller y otros grupos de poder (como el Club Bielderberg) buscaban construir un gobierno tiránico, autoritario y basado en el neoliberalismo e incluso diezmar a la población.

Así, la extrema derecha, especialmente desde la nueva alt-right, cuya estrategia es revestirse de rebeldía, antisistema y contraria al establishment, se ha apropiado de estas teorías quitando el componente más afín al progresismo. El NOM ya no quiere un gobierno tiránico sino imponer una agenda progresista. A los Rotschild o a los Rockefeller ya casi no se les menciona. Por poner unos ejemplos.

En definitiva, lo curioso de las grandes élites que se presentan como los grandes enemigos que alimentan la conspiración es que todas ellas se contraponen a las ideas conservadoras y de extrema derecha.

Marxismo cultural, ideología de género y negacionismo del cambio climático

Se ha descrito brevemente a los actores que según estas teorías mueven los hilos globales. Es momento de hablar de los terribles planes que manejan para el conjunto de los seres humanos del planeta.

Empezando por el marxismo cultural, esta es una teoría de la conspiración del siglo pasado que habla de cómo el marxismo se infiltra en los distintos niveles de la sociedad para crear una sociedad global, igualitaria y sin diferencias características entre sus miembros, que estarían mestizados. Se usa también por tanto como forma de atacar el multiculturalismo.

En siguiente lugar estaría la ideología de género, posiblemente uno de los grandes monstruos del saco de la extrema derecha. Este concepto es un uso peyorativo para atacar a los estudios de género que llevan en vigor desde buena parte del siglo XX relacionándolos con una teoría de la conspiración que los reduce a desproveerlos de su carácter científicos para presuponerles un sesgo ideológico, señalando que su objetivo es destruir la familia natural y la sociedad en su conjunto (a través del feminismo y los grupos LGTB).

A menudo se relacionan ambas teorías anteriores y se habla defemimarxismo cultural.

Por último, aunque menos relacionado, se encuentra también el negacionismo del cambio climático. Como su nombre indica, los negacionistas del cambio climático rechazan la existencia de éste o, en algunos casos, que sea como producto de la actividad humana.

Generalmente se argumenta que el cambio climático viene a someter a las sociedades occidentales para que consuman menos, para destruir su industria e incluso para limitar la libertad individual de elección. En algunos casos, incluso se argumenta que hay potencias externas que buscan promover este sometimiento.

Sobre las dos primeras teorías de la conspiración, lo destacable (y que no debería causar ninguna sorpresa) es que ambas nacen en la pasada década de 1990, en círculos católicos y ultraconservadores, como una respuesta a las políticas de inclusión e igualdad.

Así, pretenden limitar la lucha de la igualdad o la existencia de las personas LGTB y sus derechos a una cuestión meramente ideológica, cuestionando todo los estudios detrás y sirviendo para poner a estos estudios en el mero campo de la opinión, pudiendo atacarlos desde ahí. Sorprende que las teorías que se contraponen sean las de “la familia natural” o el complementarismo, ambas fundamentadas simplemente en valores religiosos y conservadores.

Sobre la última, el negacionismo climático ha sido una batalla más de la ultraderecha. Es apoyado por sus buenas relaciones con las grandes fortunas porque es un problema de corte global (y chocan con los discursos nacionalistas) y porque limita la soberanía y potencia de sus países, además de con los intereses de las clases altas, que verían su actividad económica sometida a regulaciones ambientales.

Pese a eso esta lucha ha ido en franca decadencia, incluso llegando a ser semiaceptada por grupos derechistas, pero reconvirtiéndola a sus postulados (proteger la naturaleza de la nación de las olas migratorias mediante fronteras, limitar el comercio internacional y apoyar lo local, etc.,).

Sobre todo las dos primeras han calado fuerte en el mundo conspiranoico y más allá. En buena parte de América y auspiciados por las iglesias y sectores ultraconservadores, el uso de estos términos en política es una realidad aceptada.


Plandemia, negacionismo de la Covid19 y el 5G

La pandemia de coronavirus que todavía sufrimos ha auspiciado toda una nueva hornada de teorías de la conspiración que recorren los foros y las redes sociales y que se han filtrado a la sociedad, como se pudo ver en la manifestación de Madrid o en Alemania.

La primera de ellas es la teoría de la conspiración sobre el 5G. Se basa en que esta nueva tecnología aplicada a las telecomunicaciones puede causar daños a la salud humana. Sobre dicha teoría hay muchas versiones. Algunas de ellas son que supone un mayor peligro por aumentar los niveles de radiación a puntos dañinos o la electrificación de la tierra.

Con la llega del coronavirus, el siguiente nivel llegó con la teoría de que es el 5G el que transmite el coronavirus y/o que produce su sintomatología. O que podría controlar los chips que en un futuro se inocularán a los seres humanos a través de las vacunas contra el virus y así poder manipular el comportamiento humano.

Pero en el centro de las nuevas teorías de la conspiración se encuentra el negacionismo de la crisis sanitaria. Esta teoría tiene varias fases: algunas niegan la mayor (no existe el virus), mientras que otras dicen que no es tan letal (ya que se combina con otras conspiraciones sobre la necesidad de las élites de querer reducir la población humana) o que las medidas tomadas son insuficientes.
También se cuestiona si la enfermedad merece el recorte de libertades de los confinamientos en nombre de la salud comunitaria, si bien esta reflexión parece más lógica y es, por lo tanto, más compartida entre personas de diferentes ideologías. Al menos hasta cierto punto.

Y ahí la teoría evoluciona a la Plandemia. Esta es una compleja teoría que sirve como colofón y permite tejer un hilo conductor entre todas las anteriores. Así, las élites, capitaneadas por Bill Gates, Soros o el Nuevo Orden Mundial (o todos juntos), han supuestamente causado una crisis pandémica masiva. Esta crisis no es gran cosa, pero sirve para atemorizar al pueblo e insuflar depresión y miedo al futuro. Además, de que la gente deje de ser libres y acepten las distintas medidas contra el virus, como la restricción de movilidad, el confinamiento o el uso obligatorio de mascarilla.

Además, la crisis destruirá muchas economías, obligará a los países y personas de a pie a endeudarse. Un momento donde estas élites puedan adueñarse (quien sabe de qué forma) de la riqueza de las naciones o del control total de la población.
Esta gigantesca teoría también incluye el sostener que el virus no existe o no es tan grave, una supuesta falta de oxígeno en el cerebro por culpa del uso de mascarillas que facilitaría el control y la manipulación de la gente, una censura de la gente que sabe “la verdad” y una ocultación de remedios (como el hipoclorito sódico) para el coronavirus para que así las farmacéuticas puedan ganar dinero a costa de la comercialización de la vacuna.

Todo perfectamente hilado en una teoría demencial que responde a la conspiración con conspiración y donde el azar, los movimientos de masas y la geopolítica de bloques no tienen nada que ver antes esas todopoderosas élites.

Y casualmente este guión coincide con los designios de los grupos ultraderechistas, sea porque lo fomentan o porque lo consideran parte de su ideario.

En Brasil y Estados Unidos, para no dañar la economía, Jair Bolsonaro y Donald Trump han hecho un absoluto negacionismo de la pandemia, diciendo que era solo a una gripecita”, “que pasaría sola”o que lo importante “es recuperar la economía” y que hacer algo contra ella sería mucho peor que no hacerlo.

Los resultados en ambos países están a la vista, ocupando ambas potencias el podio de muertes y estando sus economías dañadas por la crisis. El negacionismo ha llegado a tal punto que la Covid y las medidas de confinamiento son una cuestión política en EEUU: los Estados republicanos con medidas laxas y sin confinamiento, los Estados demócratas con confinamiento.

En Europa este carácter ambivalente con la pandemia también se ha visto por parte de la extrema derecha, de negar que sea un gran problema a pedir que se tomen fuertes medidas o incluso a decir que la solución es peor que la enfermedad.
Y la Plandemia resume punto por punto las teorías de la conspiración vistas: unas élites internacionales atacan al pueblo porque quieren imponer su ideología y quitar las libertades, los recursos y la soberanía a las naciones y sus habitantes.

La potencia radicalizadora de las teorías de la conspiración

Desde luego, parece mucha casualidad que las teorías de la conspiración tengan muchas veces como enemigo o como problemas a personas o elementos de carácter progresista. Y más que presente como sustento teórico nociones de nación, raza o basadas en valores religiosos.

Sobre esto se podría debatir si es solamente por una manipulación de la ultraderecha en estos círculos o si las personas de la derecha radical tienen mayor tendencia a las teorías de la conspiración.

Posiblemente sea una mezcla de ambas. De lo que no hay ninguna duda es que la extrema derecha usa como nadie estas ideas, a las que nutre de sustento teórico, moldeándolas y poniendo elementos de su propia corriente ideológica.

Por ende, es posible que una persona que se introduzca y acepte las teorías de la conspiración como algo válido, cambie lentamente su manera de pensar, hasta finalmente poder incluso cambiar de espectro ideológico o moverse a opciones más moderadas.

Hasta ahora, los foros de internet dominados por las teorías de la conspiración (como 4chan o burbuja.info) se han convertido en reductos de la extrema derecha, por lo que su potencial de conversión es una posibilidad seria.

Si bien aceptar cualquier versión oficial de los hechos sin más sería estúpido si las evidencias señalan lo contrario, oponerse a todos los consensos y realidades en nombre de una supuesta enorme conspiración lo es aún más o nos puede trasladar a un mundo de locura donde no sepamos sobre si nada es cierto o no lo es.
Y más sabiendo si meternos en esta realidad paralela puede servir como eje radicalizador desde donde repensar el mundo bajo hechos vagos y subjetivos.

Para no caer en las teorías de la conspiración, se debe poner por delante los hechos probados, la racionalidad, los grandes consensos científicos y la humildad de poner a un lado nuestro ego para no enmendar constantemente a los expertos. No es poca cosa.

http://aldescubierto.org/2020/08/19/...rema-derecha2/


Sleeping Giants: La iniciativa que hunde a la extrema derecha

15 junio 2020

Se habla mucho de qué hacer para evitar el auge de la extrema derecha. Un americano preocupado por esto ha ideado un método que está funcionando a la perfección. Se trata de la iniciativa conocida como Sleeping Giants.

Actuar contra la extrema derecha no es fácil. Desde la política y los medios se ha intentado, generalmente repitiendo una fórmula poco eficiente que se ha repetido por todas partes: ignorar, ridiculizar y, cuando todo está perdido, atacar. Salvo contadas excepciones, el resultado es el aumento de la popularidad y el apoyo hacia las fuerzas políticas de ultraderecha y grupos afines.

Cuando la consigna generalizada era tratar de ignorar comentarios y publicaciones de estos grupos, especialmente si eran cuestiones polémicas, se dejaba que la extrema derecha creciera sin control, con sus tácticas de infiltración y agitación. En las fases posteriores, ya como un peligro real (y siendo muy difícil mirar hacia otro lado), la ridiculización y ataque de los medios les ha ido dando una mayor fama y les permitía acceder al público mayoritario. Y, cuando los medios no han optado por el ataque, han tratado de blanquear y acoger a estas formaciones como si fueran una más, sin ápice de crítica.

Algunas personas expertas en comunicación política han destacado lo difícil que es luchar contra sus tácticas, que beben de la tecnopolítica y que, además, suelen contar con el apoyo de grupos de poder económico que les brindan amplios recursos para extender sus redes. Y que de lo poco que se ha demostrado como válido que sirve es la confrontación de las ideas (aunque eso les de cierta fama) para desacreditarles ante la opinión pública y ver la poca base de las mismas.

Destacar también el éxito de la Operación Líbero de Suiza, que ha demostrado que ciertas pautas pueden funcionar si se aplica cierta originalidad en la comunicación, si se eligen bien las batallas y si se emplea el método adecuado.

Matt Rivitz, un hombre americano alejado de la política, ha encontrado por casualidad un nuevo método que ataca al corazón de la extrema derecha: la economía.

La idea

Matt Rivitz es un hombre judío residente en Estados Unidos. Su oficio es el de publicista, teniendo un historial de empleo en multitud de marcas. En 2016, como muchas personas, observaba preocupado el auge de las ideas ultraconservadoras y la propagación de los discursos de odio, peligro encarnado en ese momento en la figura de Donald Trump, quien además terminó ganando las elecciones.

Matt visitaba Breitbart News, la página web de Steve Bannon, el cerebro más visible de la ultraderecha estadounidense que se jactaba de haber llevado a Trump a la Casa Blanca. Y quien, por cierto, es bastante conocido por su alianza con los partidos de extrema derecha europeos, como Vox en España.

Breitbart News es un medio que difunde mensajes de odio y fake news donde uno puede ver discursos reaccionarios de todo tipo: racismo, machismo, supremacismo blanco, etc…

Entonces Matt se dio cuenta: Breitbart News, como tantos otros sitios webs, tenía anuncios. Algunos de ellos de marcas de gran prestigio. Y una idea surgió en su cabeza.

La fundación

Portada de Breitbart News. Autor: Captura de pantalla realizada a las 15:08h de 15/06/2020. Fuente: https://www.breitbart.com/


En noviembre de 2016, Matt fundó Sleeping Giants, una inocente cuenta de Twitter que iba a ser el quebradero de cabeza de la nueva extrema derecha.
Desde esta cuenta, empezó a subir capturas de pantalla de los anuncios de las empresas que aparecían en Breitbart News a la red social. A su vez, les informaba de manera amable mediante correos privados. Para su sorpresa, la reacción de la mayoría de estas empresas era actuar rápidamente y pedir a Google y a Facebook retirar su publicidad.

Matt, un experto en publicidad se había dado cuenta de algo que la mayoría no sabemos: la actuación de la publicidad programática.

Este tipo de publicidad es por la que pagan las empresas a navegadores y buscadores. Estos a su vez reparten esta publicidad por distintas webs de manera aleatoria y según preferencia. Y dichas webs generan un tráfico de clientes que ven estas publicaciones, recibiendo dinero. A más tráfico más dinero.

El éxito de Sleeping Giants fue arrollador: en solo unos meses, miles de anunciantes abandonaron Breitbart News, entre ellos empresas que todo el mundo conoce comoAT&T, Kellogg’s, BMW, Visa, Autodesk, Lenovo, HP Inc., Vimeo, Deutsche Telekom, Lyft, Allstate, Nest y Warby Parker. En realidad tiene bastante sentido: por lo general, a las empresas, especialmente las más consolidadas, no les viene nada bien la polémica, ni tampoco relacionarse con cuestiones políticas.

El poder de los anunciantes para desligarse de contenido que no les interesa ha llevado en el pasado a gigantes como Google a cambiar los términos y condiciones de sus plataformas, incluso a costa de perjudicar a cientos de miles de creadores y creadoras de contenido y personas usuarias. Un ejemplo se puede ver cuando decenas de empresas montaron en cólera cuando se dieron cuenta que los vídeos del grupo terrorista islámico DAESH aparecían con anuncios de conocidas marcas.

Así pues, lo que hace Sleeping Giants es aprovecharse de una cuestión muy lógica y sencilla de entender. Tal fue el éxito inicial, que provocó un auténtico agujero en las finanzas del portal ultra, llevando a Steve Bannon a maldecir al creador de esta iniciativa.

Lamentablemente, esto no le ha salido gratis a Matt Rivitz. Su nombre ha sido difundido por los portales web de la extrema derecha, recibiendo amenazas de muerte, dirigidas tanto a él como a su familia. Pero según el publicista, vale la pena.


Como funciona Sleeping Giants

Montaje con los Banners de las cuentas de Twitter de Sleeping Giants España, Brasil, Francia y EEUU de izquierda a derecha. Autor: Captura realizada a las 15:20h de 15/06/2020. Fuente: Cuentas de Twitter asociadas a la iniciativa Sleeping Giants.

Sleeping Giants es hoy una red amplia que funciona en más de una decena de países: Alemania, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Suecia, Suiza y el Reino Unido.

Conforma una estructura independiente y autogestionada unida por el uso de una misma estrategia. Esta estructura informal está compuesta por decenas de activistas y personas voluntarias que colaboran en el proyecto.

El funcionamiento es el siguiente: cuando alguien detecta una página o persona que utiliza discursos de odio, hace una captura de pantalla donde se muestre dicho discurso, la publicidad y la marca de ese medio. Tras eso, debe publicarlo en su cuenta de Twitter, informado a la compañía amablemente y citando en el tuit a su sección de Sleeping Giants (Slpng_giants para EEUU, Slpng_giant_pt para Brasil, Slpng_giants-fr para Francia, Slpng_giantsEsp para España, etc..) para que puedan hacer un seguimiento.

También se puede enviar directamente la captura con la información a la sección de Sleeping Giants. De esta manera todos podemos actuar contra el odio de una manera sencilla y colaborativa.

Un camino de éxitos

“Matt Rivitz entrevistado en CNN”. Autor: Captura de pantalla realizada a las 15:05h de 15/06/2020. Fuente: CNN


El método Sleeping Giants ha conseguido éxitos contra la extrema derecha que se esparcen por todo el globo.

En su país de origen, Estados Unidos, también actuó contra Billy O’reilly, el presentador estrella de la cadena Fox y uno de los buques insignia de la misma desde tiempos inmemoriales.

Billy O’reilly también tenía un tortuoso pasado lleno de denuncias de abuso de mujeres. Y este escándalo había ido en aumento. La campaña de presión de Sleeping Giants consiguió cancelar el programa y echar a O’reilly. Y no es poca cosa sabiendo que fue lo más visto de 2016 en televisión por cable según un estudio de la firma Kantar Media. Otras actuaciones han conseguido que el CEO supremacista blanco Robert Mercer haya tenido que abandonar su puesto en Renaissance Tecnhologies, una conocida empresa.

Pero el proyecto es global. En Canadá, la sección local de Sleeping Giants ha conseguido boicotear el medio ultraconservador The Rebel Media. Ha logrado incluso que el gobierno canadiense retire su publicidad de medios ultraconservadores.

En Europa, por otro lado, la iniciativa ha tenido un gran éxito en lugares como Francia. Allí, atacando el sitio web Boulevard Voltaire, se consiguió que el gobierno francés legisle para evitar los discursos de odio financiados en redes. Se ha denominado, de hecho, enmienda Sleeping Giants.

Actualmente, la última batalla de este proyecto se está llevando a cabo en Brasil. La sección brasileña de Sleeping Giants mantiene una guerra con Jornal da Cidade, el portal web aliado con los postulados de Bolsonaro. Este medio virtual de ultraderecha, actúa como sus homónimos, compartiendo fake news, discursos de odio y conspiraciones. En un momento como este, con Bolsonaro con un riesgo real de ser devorado por el coronavirus y con una popularidad en picado, atacar sus apoyos es más efectivo que nunca.

De hecho, la guerra contra este portal se ha elevado a lo institucional. Se consiguió que organismos dependientes del gobierno brasileño retirasen su publicidad, pero Bolsonaro ha conseguido que vuelvan a financiar a este medio. Pese a los intentos del mandatario ultraderechista, cientos de compañías ya han abandonado o están en proceso de apartar su publicidad del citado portal.

Así pues, podemos ver como la iniciativa Sleeping Giants es todo un éxito. Necesitamos nuevas formas de atacar a la extrema derecha que escapen de las viejas tácticas que han demostrado su ineficacia.

En este sistema todo el mundo puede colaborar desarrollando una iniciativa local de Sleeping Giants. Con tiempo y esfuerzo, se podrá despertar a los gigantes dormidos.


Simbolo de puño de “Sleeping Giants” de su cuenta de redes sociales. Autor: Captura de pantalla realizada a las 15:20h de 15/06/2020. Fuente: Cuenta de Twitter de Sleeping Giants.

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Última edición por Seflo; 21-ago-2020 a las 12:55
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Muy interesante el método Sleeping Giants. Sólo con iniciativas tan inteligentes como esa, tendremos opción de plantar cara a la extrema derecha. Hemos de ganarles por mayoría en inteligencia. Y de paso, no nos iría mal un poco más de concienciación y unidad de acción , respecto a lo perniciosa que puede llegar a ser la extrema derecha y su populismo barato. Que tanto adepto tiene en algunas zonas de nuestro país, por cierto.
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El capitalismo cuando la gente deja de creer en el siempre tiene una alternativa para seguir con lo mismo, especulando y robando al pueblo sin que nada cambie y se llama la extrema derecha o fascismo. Asi que esta gentuza capaz de decir que son capaces de fusilar a 26 millones de españoles niños incluidos, y no pasa nada!! por menos tenemos jueces que meten en la carcel a titiriteros, o cantantes, muy pero que muy de derechas no ven nada en ex-generales del ejercito y altos mandos que son franquistas y fascistas y no hacen nada,,, ah!! es que era un chat privado!! osea que lavan la cara de esta gentuza fascista,,, ojala no vaya a mas pero no lo creo,, los animos estan bastantes caldeados,,,,con Unidas Podemos los chollos de estas bandas que mandan en España se les terminan y eso no pueden tolerarlo... Enemigo publico numero uno...
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Este tipo de iniciativas son una idea magnifica y claramente bienintencionada. Pero como otras tantas ideas teoricamente espléndidas, como el comunismo por ejemplo, los problemas pueden surgir en la realización práctica. En este caso ¿quien vigilara a los vigilantes? La censura y el boicot de ideas, se le llame como se llame, siempre es un tema espinoso.

Hasta tanto no constituyamos una sociedad crítica y librepensadora con individuos capaces de razonar por sí mismos (o lo que es lo mismo: con tanto borrego y tanto descerebrado suelto..) estos son parches seguramente aceptables, pero peligrosos.
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